1.
"Desorden por Déficit Atencional con o sin Hiperactividad"
(ADD/H)... Un tema con historia
Siempre existieron
niños dispersos, impulsivos, inquietos, con dificultades para
seguir el ritmo escolar, aceptar límites, respetar consignas,
concluir tareas, etc.
Ante la preocupación de padres y maestros, la Medicina sintió
la necesidad de encontrar una solución a este conjunto de síntomas.
NO teniendo estos síntomas una causa orgánica que pudiera
documentarse por análisis químicos, genéticos
ó radiológicos, etc., el diagnóstico
comenzó a limitarse a la descripción y clasificación
de un conjunto de conductas.
Nombres tales como: “Disfunción Cerebral Mínima”
(DCM), “Hiperkinesia”, “Inestabilidad psicomotriz”,
etc. se utilizaron a través del tiempo para justificar
medicación de aquellos niños que “padecían
este desorden” y generar Programas de Entrenamiento
de la Conducta a través de “sistemas de premios y castigos”
para “adaptar” al niño al medio
escolar.
Actualmente se diagnostica el ADD/H basándose en un cuestionario
llamado Test de Conners que debe ser llenado por padres y/o maestros
sin estudios que documenten el compromiso orgánico.
Desde una perspectiva contraria, nosotros pensamos que la idea básica
es comenzar por aceptar y entender que el niño no nace
completo, acabado, terminado. Su personalidad, su forma de ser y hasta
su inteligencia y capacidad de aprender se construyen a través
de un complejo proceso que se inicia aún antes de nacer.
En el mismo intervienen múltiples factores que a su vez se
afectan entre sí. Entre ellos, no sólo los biológicos
son importantes. La historia familiar, el trato afectuoso y justo,
desatento e indiferente o agresivo y rígido que puedan brindarle
sus seres queridos más cercanos, sumados a las oportunidades
culturales del medio social en el que esta inmerso, juegan un papel
fundamental.
El niño es un árbol que crecerá y dará
buenos frutos en la medida que sea nutrido por elementos sanos y vigorizantes.
No hay ninguna causa genética, ni neurológica
que predetermine quien será un santo, un sabio, un demente
o un criminal.
Como decíamos, cada niño es producto de su historia
particular, singular, original en la que se conjugan múltiples
variables orgánicas, afectivas y sociales que a su vez interactúan
entre sí, con sus circunstancias actuales, familiares y escolares.
Comprender a un niño, entender por qué se comporta de
tal o cual manera, por qué tiene facilidades o por el contrario
dificultades para aprender, no es una tarea sencilla. Un diagnóstico,
no puede agotarse entonces en la toma de unos cuantos test de inteligencia
(cuyos alcances, hoy se sabe, son limitados), menos aún, con
los datos cuantitativos con los que- a través del famoso cuestionario
mencionado- se les pide a los padres y maestros que describan al niño.
De nuestra experiencia surge que CARIÑO, CUIDADO Y
COMIDA parece ser los únicos ingredientes
que no pueden faltar en ninguna receta básica que pretenda
prescribir cómo hacer para obtener un niño más
sano y más feliz. Por lo general no hacen falta otro
tipo de remedios, ni “programas de adiestramiento de conducta”.
2.
Lo principal es hacer un diagnóstico preciso
Si tomamos en cuenta que el ADD/H no es UNA ENFERMEDAD
CRÖNICA que deba ser medicada, ni un TRANSTORNO que pueda hacerse
desaparecer por “arte de magia”, sino un conjunto
de síntomas de múltiples causas comprenderemos
por qué requiere de un DIAGNÖSTICO interdisciplinario,
amplio, minucioso y abarcativo para llegar al TRATAMIENTO ADECUADO.
Un diagnóstico de estas características que se le realice
a un niño implica:
- no excluir su historia vital, desde el embarazo y parto pasando
por todos sus aprendizajes de vida (¿cómo aprendió
a comer, a caminar) hasta llegar a su presente.
- no descartar rápidamente alteraciones biológicas y
neurológicas (cuadros de “Ausencias”, perdida de
la audición, disminución de la visión, celiaquía,
etc.) ni alteraciones de tipo psicológicas.
-
no excluir de la historia del niño a su familia ni a la escuela.
Esto supone no quedarnos solo con la descripción de las dificultades
que se observan sino también con la historia de esas dificultades:
¿cuándo y cómo aparecieron? ¿cómo
respondieron ante ellas los adultos más significativos de la
vida de ese niño? ¿qué papel jugaron en su aparición?
¿cómo se vieron implicados o sólo fueron observadores?,
etc.
- Deberá tener en cuenta que los síntomas (impulsividad,
distracción, hiperactividad) no son más que una señal
de alarma. Lo que está a la vista, lo manifiesto. Como en el
caso de la fiebre, lo que la causa no suele estar al descubierto y
aunque molesta, gracias a ella podemos descubrir que tenemos un problema
que afecta nuestra salud y poder así hacer una consulta y recibir
ayuda.
- Y por último y fundamentalmente, no podrá limitarse
a un tratamiento que atienda solo a los síntomas, como si lo
único importante fuera hacerlos “desaparecer”.
Menos aún, reducirse al suministro de medicamentos psiquiátricos
cuyos efectos secundarios pueden llegar a ser mucho más graves
que la dificultad que motivó su administración.
3.
El médico sugiere medicarlo…
Actualmente,
muchas escuelas (de clase media o alta) cuentan entre el alumnado
primario con un alto porcentaje de niños que están siendo
medicados con “drogas que comportan algún tipo de riesgo”,
sin tener en cuenta que la mayoría de las veces las causas
de los “desórdenes” de conducta y o aprendizaje
que manifiestan estos niños tienen que ver con “cuestiones
emocionales” vinculadas a su historia y o a sus circunstancias
actuales, personales, familiares o sociales en las que se halla inmerso.
Mudanzas, nacimiento de hermanos, separaciones, duelos no elaborados,
conflictos de pareja, falta de tiempo de los padres para estar con
sus hijos por exceso de trabajo y problemas específicos vinculados
con la escuela, suelen ser los algunos de los ejemplos mas frecuentes.
Ante la indicación de medicar al niño recordemos que:
- La
medicación sola nunca es suficiente. El médico
consultado deberá contar con un equipo de profesionales
que oriente a la escuela, la familia y que además escuche al
niño sobre cuales son sus necesidades.
• La orientación psicológica a los padres y la
psicoterapia es básica en todos los casos para atender los
problemas de conducta.
• La ayuda psicopedagógica es importante para el niño
que tiene problemas de aprendizaje y el asesoramiento a sus maestros.
• El complemento con medicación suave del tipo de los
antihistamínicos, puede ser necesario en algunos casos, de
manera transitoria, para ayudar a tranquilizar al niño y hasta
tanto se avance con el tratamiento de las causas del problema. La
idea es evitar “doparlo” con drogas más fuertes.
• La actividad física y lúdica placentera, no
competitiva ni agresiva, contribuyen también, de modo complementario
a los tratamientos mencionados, reafirmando la autoestima del niño
y facilitando una mejor regulación de la descarga de tipo impulsiva.
-
Ante la duda, no deje de pedir una segunda opinión. Los padres
son quienes -en última instancia- toman la
determinación de medicar o no a su hijo, por lo tanto
tienen que tener claro cuál es la causa del problema y cuáles
son las razones por las que se indica el tratamiento que se indica.
Tienen que estar convencidos que están haciendo lo mejor para
el niño.
- Medicar a un niño sin razones suficientes, sin evidencias
de compromiso orgánico, o “a prueba” como hemos
visto algunos casos, puede lisa y llanamente calificarse de inadmisible.
- Leer bien el prospecto del medicamento y consultar todas
las dudas. La farmacología moderna ofrece una amplia
variedad de psicofármacos que permiten hacer “desaparecer”
esos problemas de conducta que manifiestan estos niños y tanto
incomodan a quienes conviven o estudian con ellos. Pero en general
estas drogas tienen efectos secundarios. Muchas veces los padres no
son bien informados de lo perjudicial que puede llegar a ser la “pastilla
mágica”. La “pastilla” esta formada de drogas
de acción similar a las anfetaminas. En forma complementaria
también se les suele suministrar antidepresivos que no tienen
eficacia probada en niños. Cualquiera de ellas, reiteramos,
son potencialmente adictivas y dañinas. Estos medicamentos
llamados PSICOFARMACOS se requieren sólo
en raras excepciones y de manera TRANSITORIA
debido a que muchos de ellos evidencian severos efectos secundarios
que pueden ir desde dolores de cabeza hasta cuadros de depresión,
retraso en el crecimiento, “alucinaciones”, brotes psicóticos
y pensamientos suicidas. Recientemente se dieron a conocer 25 casos
de mortalidad infantil vinculados a este tipo de tratamientos psico
farmacológicos.
Alguna
advertencias sobre el uso indebido de Psicofármacos en niños:
Drogas tales como ritalina - strattera – pemolina son las más
recetadas en el mundo para el ADD/H. Sin embargo muchos casos de violencia,
psicosis y muerte han sido reportados y entidades como la FDA están
llevando a cabo investigaciones y legislaciones que controlen su uso
y abuso.
Ver
más información:
www.cchr.com
www.breggin.com
www.adaptogeno.com/art_opinion/art13.asp
www.adaptogeno.com/art_opinion/art26.asp
www.adaptogeno.com/art_opinion/art32.asp
www.fda.gov/bbs/topics/NEWS/2005/NEW01237.html
www.saludcolombia.com/actual/salud52/interna52.html
www.fda.gov/cder/foi/label/2003/016832s022_017703s0181b1.pdf