Homenaje al doctor Mario Ignacio Brotsky
Un pediatra en la comunidad educativa El domingo 8 de mayo falleció en la ciudad de Buenos Aires Mario Ignacio Brotsky,
destacado médico pediatra. Docente innato, siempre se preocupó por transmitir
a los profesionales en formación sus hazañas, sus aciertos y, también, sus errores.
A modo de homenaje, y para recordar su palabra y su pensamiento, compartimos
su
intervención en la primera edición del Simposio Internacional.
Por Mario Brotsky (1). “Quiero contarles mi alegría -y un poco de desconcierto- porque parte de las cosas que me proponía decir, o solicitar, han sido asombrosamente respondidas en los minutos pasados. No solamente por el hermoso discurso de Beatriz (2), sino también por compromisos que el Señor Ministro de Educación de la Nación , Lic. Daniel Filmus, ha tomado públicamente. Entonces, algunos de los interrogantes que voy a plantear, tal vez ya estén respondidos.
Ante todo, es norma agradecer cuando uno participa en una actividad y a mí me produce un poco de desconcierto porque formo parte de la |
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Mario Brotsky expone sus ideas (Hotel Panamericano, 2007) |
comisión organizadora, solo que como me incorporé mas tarde a ella, me siento con el derecho de felicitar a mis compañeros que han tenido una actividad tan extraordinaria, tan rica, divertida y productiva de lo cual este Simposio no es más que un ejemplo. Es muy feo personalizar, pero yo quiero decir un par de palabras sobre Beatriz Janin: la conozco hace muchísimos años y quiero decir que siempre me emocionó y me gustó su capacidad de “muchacha luchadora”, por las ideas en las que cree, inventándose permanentemente cosas nuevas en las cuales creer y alrededor de ellas construyendo ideas, trabajos, equipos docentes, actividades… les pido disculpas a mis compañeros por esta, para mí, necesaria personalización. Este grupo generó el Consenso de expertos sobre el llamado “ADD” al que han adherido más de dos mil profesionales de extraordinaria experiencia en todas las disciplinas involucradas y asociaciones de profesionales del país y del extranjero. Por él estamos aquí: por ese Consenso . La editorial Novedades Educativas es historia, un párrafo dedicado a ellos. Forma parte de la historia del compromiso con la niñez. Quienes la representaron haciendo el increíble esfuerzo de organizar esta jornada, brindaron al grupo de trabajo científico rigor y humor, a veces buen humor, gracias Andrea y David Kaplan.
Un pediatra en la comunidad educativa suena demasiado a un cristiano entre los ranqueles. Sé bien (por si hay especialistas en literatura) que estoy mezclando dos novelas y dos autores, es a propósito. Es increíble, interesante que me suene así y probablemente también les suene a ustedes. Un blanco, uno solo, blanco y extraño, aceptado -e incluso invitado y convidado-. Pero extranjero, de otra lengua -ya sea el español o el inglés dependiendo de cuál de las novelas se trate-. Y como en las novelas: mirando y anotando… tomando notas en lo que entonces eran las “planillas de sanidad”. Pero, finalmente, un observador.
Estoy tratando de definir un rol, un estilo, una manera de vincular hoy la pediatría, lo médico, con lo escolar. Lo planteo en términos institucionales, mas allá de voluntades individuales de algunos pediatras y también -por qué no decirlo-, de algunas escuelas. Lo que siempre se ha llamado “Salud Escolar” ó “Sanidad Escolar”, es meramente una deuda; aunque en alguna ciudad, el esfuerzo y la vocación hayan intentado y logrado acortar distancias. La potencialidad que tienen la salud escolar en las escuelas es fenomenal. También necesitaríamos sumar decisión en las interconsultas de cuadros diversos que afectan claramente al aula, tratando de no excluir, pero tampoco permitiendo que situaciones perturbadoras para muchos se estiren indefinidamente favoreciendo entonces, no solamente la violencia, sino el indefectible violentar de intervenciones medicamentosas exclusivamente.
Las instituciones aquí representadas: ministerios, sociedades científicas, secretarías, entre otras, conocen esta realidad y la posibilidad de que este pedido de articulación que estoy haciendo, sea estudiado. Tenemos dificultades de toda índole para formar, perfeccionar y retribuir verdaderamente bien al personal docente, como corresponde a profesionales que ocupan y -todo el mundo lo dice- un eslabón, “el” eslabón necesario para un giro dramático que pueda frenar en la Argentina el remolino de pobreza, violencia e ignorancia que son permanentemente realimentadas.
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De izq. a der.: C. Schenquerman, S. Bleichmar y M. Brotsky
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Nosotros formamos muchos pediatras, los formamos bastante bien y a veces muy bien. Se amontonan luego, al terminar las residencias, en las bocas de salida de becas, residencias pos básicas y pasantías por especialidades y aspectos cada vez más fragmentados, cada vez más pequeños. Estaría bueno que muchos de ellos normalmente remunerados -aquellos bien formados- tuvieran la fenomenal experiencia de contactar con los niños en ese ámbito esencial que es la escuela y luego las casas y luego los pequeños barrios mirando y anotando (como la imagen de ese viajero que tuve en La Pampa ) para poder entonces, en lugar de solo anotar, proponer estrategias de cuidado y prevención vinculadas no solo con las necesidades sino también con la idea que tiene la gente de la salud, de su salud. |
Mis compañeras de mesa seguro se ocuparan mejor que yo de la desatención. Yo no he venido aquí solamente a criticar ciertas drogas o ciertas maneras de usarlas, eso sí es un problema. Es un objetivo de estas jornadas que esta crítica sé de y sé va a dar en muchas mesas, solo que, en realidad como siempre, se trata de sumar. Mi pedido entonces (es el segundo) es que realicemos las interdisciplinas que pregonamos. Intradisciplinariamente, dentro de la pediatría, agradezco haber tenido la fortuna de pasar por una residencia hospitalaria, no de cualquier hospital y de cualquier momento: en ese momento, y en ese hospital de pediatría que se llama “Dr. Ricardo Gutiérrez”. Varios profesionales, de diferentes camadas, mirábamos una escena y obrábamos, siempre con la seguridad de un escalonamiento de responsabilidades hacia arriba que a su vez también nos miraba y con el privilegio, en ese hospital, de la interconsulta e intradisciplina permanente. Esa imagen, ese entorno, nos daba seguridad y generaba también una seguridad para el destinatario. Esta digresión sobre el modelo de formación en acción aplica el supuesto que propongo de otra salud escolar que sume ese modelo y lo aproveche.
Sin embargo, sobre más de mil seiscientos participantes que somos hoy aquí, hay solo seis pediatras. Entre todos: invitados, disertantes, coordinadores de taller no llegamos a quince. Era esperable, porque quizá no nos dirigimos claramente a ellos. Porque, ¿quién se va a inscribir en este evento que no es una jornada de ‘infección respiratoria aguda'? ¿A quién se lo iba a autorizar a venir en medio de este momento epidémico real que todos ustedes (maestros, terapeutas, ciudadanos) conocen, que hace que los consultorios de todo nivel estén desbordados y sean insuficientes?
Probablemente -y esto lo dejo como interrogante que me interesa mucho- el hecho de meternos con los laboratorios medicinales tampoco ayuda a que participen los pediatras. Estas son solo conjeturas de una situación que tenemos que pacientemente revertir: poder llegar a los médicos.
Retomo, las descentralizaciones ministeriales, fundamentalmente en salud pública como en educación, han quitado mochilas administrativas y servirán si los recursos que se fragmentan desde el centro dejan una reserva que permita otros desafíos. Estoy convencido que así se piensa pero, insisto, debemos repensar la salud escolar. Los pediatras dentro de las escuelas: ¿cómo se puede diseñar un esquema de trabajo que funcione? Si esto existiera, seguramente los pediatras no hubieran dejado de venir. Un pediatra aquí no puede dejar de lado el diagnóstico, pero no puntualmente el de ADD u otros trastornos de la salud escolar; es decir, de las escuelas y de quienes viven en ellas. Somos los pediatras el primer nivel de atención -concepto técnico de la salud pública y me corro de él-. Somos los pediatras los primeros que vemos a los chicos, esto es clarísimo. De cómo los consideremos, cuán prenatalmente nos interesen, cuán culturalmente nos interesen (sus orígenes, sus proveniencias, la constitución familiar), de cuánto nos importen sanos cuando están sanos y de cuánto presionemos a todo tipo de instituciones (como se le llama ahora “pagadoras”) para verlos con una periodicidad útil (útil para la salud de los niños y no de las instituciones); de todos ello surgirá un modelo de atención más o menos ‘atento' a los momentos del diagnóstico. Me voy a detener en algunos de estos momentos:
Hay un diagnóstico predictivo que nos impregnó mucho en el terreno que entonces se llamaba atrevidamente “una lesión cerebral mínima” y que luego fue llamada “disfunción cerebral mínima”, con todas sus variantes que incluían entidades que ya no están y hoy se le dice ‘ADD' (por su sigla en inglés). A quienes asistíamos ambulatoriamente en el hospital de niños, en el ámbito del consultorio de atención de niños sanos, se nos marcaba señalando el llanto, la reactividad, los momentos de irritabilidad del sueño… llevándonos a ‘dibujar' un tipo de niño; haciendo una señalización de los lactantes como futuros individuos que estaba totalmente instalada en las actividades clínicas. De acuerdo a las habilidades de cada cual se producían verdaderos delitos de prejuicio, y el tiempo de seguimiento de los chicos nos lo permitía comprobar. Así caímos, nos hacían caer, en las trampas de ese reduccionismo -o simplificación- hace muchas décadas. De manera que esta historia de “los ADD” no es una invención de estos días, quizá otras cuestiones que veremos enseguida, sí lo sean.
Un diagnóstico temprano -si era temprano no debería serlo tanto para no generar una nueva manera de prejuiciar , condicionando a padres y maestros en una observación demasiado atenta a niños que simplemente eran algo diferente de los demás-. Hoy cuando hablo de diagnóstico estoy hablando de ‘ADD' y no de otros problemas justamente tempranos en los que tenemos otro tipo de responsabilidades. Pensando en ello, nuestra verdadera preocupación en este sentido, hoy, en torno al diagnóstico temprano no es más que en relación a los denominados “trastornos del desarrollo”. Algunos, por cuestiones docentes conocimos a los clásicos, pero nuestro referente fue la Dra. Lidia Coriat quién nos enseño muy bien acerca de la maduración normal. Hoy se nos ofrece un menú, una selección de Test , algunos dirigidos puntualmente a la detección temprana de problemáticas constitutivas. Quiero aludir a un trabajo que está haciendo la Dra. Mónica Pose en el Hospital Alemán y en trabajando mucho con la Sociedad Argentina de Pediatría. Como sucede con otras medidas predictivas, éstas difícilmente se apliquen en suficiente cantidad de niños, digo, en forma completa y sostenida en el tiempo, justamente por falta de él.
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Así que el desafío sigue estando en los sentidos de los médicos, en la observación, en la escucha, en lo vincular y en la inteligencia sin egoísmos de jugar las interdisciplinas aún en su propia clínica.
Un pediatra en este plenario no tendría sentido si no tuviera animo de denunciar. Confieso padecer de un fuerte interés por las teorías conspirativas, en realidad es una pasión. Ello no genera ni siquiera una actitud ambigua en los auditorios, aun en los auditorios más íntimos. A uno le dicen cosas agresivas vinculadas con ciertos diagnósticos de la psiquiatría, por suerte del adulto, algo así como paranoico. Tengo amigos aquí en el auditorio que sé que padecen de problemáticas parecidas. Este es un inconveniente: la relación con la gente cercana. |

El Dr. Brotsky en el Acto Inaugural del segundo Simposio
(Palais Rouge, 2009) |
Otro inconveniente es el hecho de que todas las teorías conspirativas se confirman. Entonces, Allende verdaderamente fue asesinado por la CIA , no es una broma. Yo me creo las películas sobre oleoductos, resulta que luego leo en documentos oficiales del gobierno que estos ya estaban trazados y preacordados entre ellos mismos antes de que hubiera habido ninguna invasión a un territorio, que luego hubo. Beatriz Janin todavía estaba en el secundario y yo ya tenía estos problemas. Había leído en el primer año de la facultad en una revista un artículo sobre la comisión bilateral. Yo tenía diecisiete años y ya leía sobre la globalización y sus infiernos futuros, todo anticipado. Hoy me pasa lo mismo, parece que ayer apareció otro consenso que con desvergüenza se llama igual: Consenso sobre “ADD”, del mismo nos enteramos un día antes del comienzo de estas jornadas y no por aquellos que venían cocinando ese consenso. Yo me enteré sencillamente por un e-mail, por aquellos que sabían que estábamos planeando estas tares alrededor del consenso y parecían comprometidos con la problemática de la sobremedicalización y empaquetamiento diagnóstico de muchos de nuestros niños. Esto me hace rejuvenecer otra teoría conspirativa: fui rápido a alquilarme “El jardinero fiel”, si no la vieron se las recomiendo y me traje “La banda seguía tocando” y “Sangre de cóndor”, película boliviana que tiene mucho que ver con el ADD.
Nuestros niños son rehenes de las corporaciones. No dudo que colegas y amigos que estuvieron en la elaboración de otras cosas quieran curar, evitar el dolor, acompañar a las familias. Claro, debieran también volver a pensar en discutir, en debatir y, alguna vez, en arrepentirse y disculparse. Muchas Gracias.” |
1. Médico pediatra. Miembro titular de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Integró el Consejo de Evaluación Profesional (SAP). Fue profesor y coordinador del área de pediatría del Pos-grado de psicoanálisis con niños y adolescentes (Facultad de Psicología, UBA). 2. Se refiere a las palabras de bienvenida pronunciadas por la Lic. Beatriz Janin, presidente del Comité Científico del I Simposio Internacional.
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