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| Revista
Topía, Agosto de 2006. Buenos Aires
Fiestas para psiquiatras
“En los últimos tiempos observamos asombrados un incremento increíble de ‘diagnósticos’ rápidos, cada uno de los cuales viene acompañado con su respectiva etiqueta y su sigla en inglés: tenemos así las aulas pobladas con chicos con ADD/ADHD, TEA, TOC, ODD y por qué no algunos TGD”, reveló a Página/12 la psicopedagoga Gabriela Dueñas, que se desempeña en varios colegios privados de la zona norte del conurbano. TEA es Trastorno Específico de Aprendizaje; TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo (el que sufre Jack Nicholson en su genial personaje del film Peor imposible); ODD es Trastorno Oposicionista Desafiante, “el chico problema, el cuestionador y desafiante”, aclara Dueñas; y TGD se refiere a Trastornos Generalizados del Desarrollo. La tendencia a rotular y medicalizar a los chicos –agrega Dueñas– se observa en colegios a los que concurren alumnos de sectores medios y altos del Gran Buenos Aires y la Capital Federal. “Al diagnosticar con ligereza estos cuadros les dicen a los padres que sus hijos tienen un problema de base constitucional genético y por lo tanto crónico. El etiquetamiento de un niño tiene consecuencias. La imagen que los otros, particularmente sus padres y maestros, le devuelven de sí mismo durante su infancia y adolescencia sin dudas lo afectará de manera muy importante en el desarrollo de su personalidad y la construcción de su autoestima. Hace unos días la psicóloga de un colegio en el que trabajo me dice sobre un alumno: ‘Tal vez este chico necesite medicación’. El chico pega a sus compañeros. Pero resulta que la hermana mayor, una adolescente malhumorada, tiene autorización de sus padres para fajarlo si se porta mal. La madre, observé, se refiere a él con palabrotas. A mí, el nene me contó que la abuela le recomendó que si un compañero le pega, que él le pegue también y si lo sigue ‘jodiendo’, que ‘le apriete los huevos’. El chico repite lo que vive en la familia pero no necesita medicación”, cuenta la psicopedagoga Dueñas, licenciada en Ciencias de la Educación. “Nos encontramos con niños que son rotulados y medicados por presentar dificultades en la escuela o en el ámbito familiar de un modo inmediato, sin que nadie los haya escuchado; sin referencias a su contexto y a su historia, sin que se haya realizado ningún intento de comprender sus conflictos ni de ayudarlo de otros modos. Estamos en un momento crítico, porque los laboratorios avanzan en su intento de que todo sea medicado. Lo que está pasando con este tema es atroz. Se medica a chicos chiquitos como si se les diera agua, con una medicación que trae problemas de crecimiento, trastornos cardíacos, aparición de síntomas psicóticos”, señala Beatriz Janin, reconocida psicoanalista de niños, profesora de posgrado de la UBA y directora de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños de la UCES en convenio con la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. “Hay un problema muy serio porque se reduce la diferencia en los chicos a categorías psicopatológicas. No se hace un diagnóstico sutil y diferencial como se requiere en estos casos. Y se recurre a la medicación rápidamente”, opinó Marisa Rodulfo, otra prestigiosa especialista, profesora de Clínica de Niños y Adolescentes y docente de posgrado de la Facultad de Psicología de la UBA. Benasayag, Janin, Rodulfo y Dueñas junto con la doctora en psicoanálisis Silvia Bleichmar y el neuropediatra Jaime Tallis, coordinador del Equipo Interdisciplinario en Aprendizaje y Desarrollo del Hospital Durand, elaboraron un documento que alerta sobre “el auge que ha tomado en los últimos años la patologización y medicalización de la infancia”. El texto, que fue entregado en el Ministerio de Salud de la Nación, se ha convertido en un “Consenso de Expertos sobre el llamado ADD/ADHD” al que han adherido ya casi un millar de especialistas de todo el país, entre ellos de la Sociedad Argentina de Pediatría, de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, del Colegio de Psicopedagogía de Santa Fe, de los hospitales de niños Garrahan y Ricardo Gutiérrez, de la UBA, entre otras instituciones abocadas al tema. Puntualmente, objetan el extendido diagnóstico del ADD/ADHD y la prescripción indiscriminada de metilfenidato y otras drogas para su tratamiento: debe ser “el recurso último y no el primero”, señalan. Además, advierten sobre los efectos adversos de estos psicofármacos en la salud infantil, con cuadros que ya se están observando en las aulas y en los consultorios, luego de más de una década de diagnóstico de este cuestionado síndrome. “Los chicos que vienen medicados desde hace años con metilfenidato empiezan a tener tics, cuadros depresivos, trastornos de la alimentación. Algunos pierden el apetito. He visto a un chico de primer grado bajar siete kilos. Otros tienen dolores de cabeza o molestias urinarias: a veces te das cuenta de que está medicado por la cantidad de veces que va al baño en el día”, señaló Dueñas. –¿Existe o no el ADD y ADHD? –le preguntó Página/12 a Benasayag. –Lo que no se puede decir es que sea una nueva patología, como sostienen muchos. Se trata del viejo conjunto de síntomas conocidos con Disfunción Cerebral Mínima en chicos, publicado en febrero de 1973. Este cuadro recibió múltiples denominaciones a lo largo del tiempo. Sucede que están englobando bajo esas siglas distintas situaciones cuyo tratamiento no requiere medicación –explicó el neuropediatra, que fue profesor en la Facultad de Medicina de la UBA. A pesar
de cada vez se conoce más sobre los riesgos en los chicos de
las drogas usadas en el tratamiento del llamado Trastorno de Déficit
de Atención y crece el número de especialistas en el país
que se opone a su prescripción indiscriminada, las ventas de
los laboratorios siguen en alza. Los informes del Indec sobre la industria
farmacéutica muestran que la facturación anual de los
psicoanalépticos (en su mayor parte corresponden al metilfenidato,
pero también incluye a la atomoxetina) llegó en 2005 a
153.581.000 pesos (a precios corrientes de salida de fábrica,
sin IVA), cuando en 2004 fue de 100.678.000 pesos. Cuatro años
atrás, en 2001, había sido de 89.585.000 de pesos. El país. Martes 17 de octubre de 2006 La supuesta enfermedad del chico inquieto y las pildoritas mágicas
Imagen:
Gonzalo Martínez Una red contra las drogas “Muchos profesionales lo tomaron como una especialidad médica y armaron un negocio” en torno del diagnóstico y tratamiento del ADD y ADHD, dice Cristian del Campo. “Tengo montones de correos electrónicos y testimonios de padres que comentan los efectos adversos del metilfenidato en sus hijos: insomnio, estados alterados, tics, todo lo que dice en el prospecto pasa”, agrega. Así como hay fundaciones de padres y profesionales que promueven el tratamiento con metilfenidato y otras drogas en chicos con problemas de atención y muy inquietos en clase, Del Campo decidió armar una Red de Padres Solidarios, que proponen alternativas a la medicación. La iniciativa nació en 1998, dos años después de que un médico le diagnosticara ADHD a su hijo, por entonces, de 10 años, y la medicación surgiera como una opción para enfrentar el problema. “En ese momento había mucho desconocimiento entre los propios profesionales. Empezamos a traer libros y videos de Estados Unidos sobre el tema y a juntarnos con otros padres con hijos a los que les habían diagnosticado el mismo cuadro, y tratamos de compartir nuestras experiencias. Nunca estuvimos de acuerdo con darle Ritalina. Pusimos una página web (http:// personales.puntoar.net.ar/redpadres/) y muchos padres empezaron a escribirnos consultándonos, intercambiando comentarios”, comentó. El país. Martes 17 de octubre de 2006 La industria que fabrica enfermedades Hace treinta
años, el director de la compañía farmacéutica
Merck, Hanry Gadsden, hizo unos comentarios sorprendentes y candorosos
a la revista Fortune. Dijo que “su sueño era producir medicamentos
para las personas sanas y así vender a todo el mundo”.
Aquel sueño es hoy el motor de una imparable máquina comercial
manejada por las industrias más rentables del planeta. Así
comienza el libro Selling Sickness (Vendiendo enfermedad) del investigador
australiano Ray Moynihan (2005), que recién se acaba de traducir
al español (con el título Medicamentos que nos enferman
e industrias farmacéuticas que nos convierten en pacientes),
pero que todavía no llegó a la Argentina. Para Moynihan,
como cada vez más neurólogos, psicoanalistas, pediatras,
psiquiatras, psicopedagogas en el país, el Síndrome de
Déficit de Atención con o sin Hiperactividad no es otra
cosa que parte de aquel sueño de Gadsden. El país. Martes 17 de octubre de 2006 Una encuesta por el ADD La directora
nacional de Maternidad e Infancia, Ana Speranza, anunció a Página/12
que se está preparando una encuesta nacional en escuelas y servicios
de neurología de los hospitales pediátricos con el fin
de indagar la prevalencia estimada en nuestro país del llamado
Trastorno de Déficit de Atención. A la vez, informó
que desde esa área se han realizado reuniones con expertos a
fin de llegar a “un consenso para las normas de atención
y tratamiento de esos niños en pleno desarrollo”. Llamativamente,
la funcionaria no convocó para el debate a los prestigiosos referentes
en el tema que han impulsado el documento que cuestiona la medicalización
indiscriminada con metilfenidato y otros estimulantes y el sobrediagnóstico
de chicos con ADD y ADHD. Entre ellos, Jaime Tallis, neuropediatra y
coordinador del Equipo Interdisciplinario en Aprendizaje y Desarrollo
del Hospital Carlos Durand; la doctora en psicoanálisis y profesora
de la UBA y la UNLP Silvia Bleichmar; el médico pediatra Héctor
Daniel Vázquez, director del Curso de Familia de la Sociedad
Argentina de Pediatría y coordinador de Docencia de Posgrado
del Hospital Tornú. Speranza, además, dijo desconocer
ese “consenso”, entregado a mediados de 2005 en el Ministerio
de Salud de la Nación. Por otra parte, la funcionaria aseguró
que ya estaba elaborado el consenso “oficial”, pero que
todavía no lo habían distribuido a los profesionales porque
no se imprimió. |