La
Capital, 1 de agosto de 2009. Rosario, Argentina.
Por Gabriela Dueñas*
"El fenómeno de la patologización de la
infancia y las prácticas docentes"
La
"patologización y medicalización de la infancia", un fenómeno
en franco incremento en los últimos años, constituye un problema grave
que nos convoca a preguntarnos, siguiendo para esto a Arnaldo Rascovsky,
si el mismo no debiera ser considerado como una de las tantas maneras,
"posmoderna" por cierto, en que se manifiesta el filicidio
en sociedades como la nuestra.
Antes resulta conveniente realizar una aclaración sobre lo que aquí
denominamos "patologización y medicalización de la infancia y adolescencia".
Con estos términos no se cuestiona el avance de los conocimientos médicos
que posibilita la detección temprana de una gama cada vez más amplia
de enfermedades, ni los tratamientos a base de medicación, menos aún
el desarrollo científico tecnológico de la industria farmacéutica.
Sería una actitud necia negar estos progresos.
Lo que resulta sumamente preocupante y éticamente reprochable es el
"abuso" que se observa en estas prácticas que terminan dañando
la salud y vulnerando los derechos de las personas, desde distintos
puntos de vista. Peor aún cuando los afectados resultan ser los niños
y adolescentes.
En este marco, resulta impostergable considerar para su análisis una
práctica docente preocupante en aumento en nuestro país en los últimos
tiempos, referida a la tendencia a derivar a los alumnos directamente
a consulta neurológica con la intención de resolver rápidamente ciertas
dificultades que presentan para prestar atención en clase, respetar
consignas, terminar "en tiempo y forma" las actividades propuestas,
no molestar a los compañeros en clase, etcétera.
Sin demasiada conciencia sobre sus consecuencias, las mismas estarían
contribuyendo a la consolidación y expansión del fenómeno de la patologización
y medicalización de la infancia. De ahí, la necesidad de revisar estas
prácticas con la intención de desnaturalizarlas y propiciar a su transformación,
al mismo tiempo de advertir sobre sus implicancias.
Al respecto, resulta oportuno que se tenga en consideración que, bajo
el supuesto que son de origen genético (aunque a ciencia cierta hasta
el momento no se ha demostrado que lo genético pueda ser considerado
un factor "determinante", único, lineal y excluyente), una
vez "etiquetados" de ADD/H, TGD, TEA, dislexia, TOD, etcétera,
a la mayoría de estos niños y jóvenes se les indican rápidamente tratamientos
en base a psicofármacos u otro tipo de drogas psicoactivas acompañados
—en algunos casos— de programas de adiestramiento conductual.
Nuevas dificultades
Si bien resulta innegable que, como consecuencia inmediata, en la mayoría
de los casos, "el o los trastornos" que manifestaban en el
aula parecen desaparecer como por "arte de magia" (o de la
alquimia), el problema persiste, "subyace silenciado", por
aquello que "nada se pierde, todo se transforma". En estas
condiciones, con frecuencia se observa, tiempo después, que esos mismos
chicos comienzan a manifestar nuevas dificultades: aislamiento, tics,
trastornos en la alimentación, en el sueño, dolores de cabeza, etcétera.
Es que suele suceder que, a los problemas que ya estaban expresándose
originalmente en la escuela se le suman otros, entre ellos, los que
se producen como efectos secundarios de la droga administrada con la
única intención de hacer desaparecer el "trastorno" o compensar
un "supuesto déficit".
Este tipo de prácticas no son sin consecuencias. Impactan negativamente
sobre la salud física y mental de niños y jóvenes. Pero también, tienen
serias implicancias sobre otros aspectos que hacen a su vida y al desarrollo.
Su identidad, nada menos, parece quedar abrochada de por vida junto
a una etiqueta (por lo general con una sigla de origen inglés) de un
trastorno genético que, por su supuesta "cronicidad", hipoteca
también su educación y por encima de todo, la posibilidad de construir
un futuro distinto, "mejor", que el que aparece prescripto,
"vaticinado" junto a este tipo de diagnósticos.
El problema que aquí se está planteando trasciende por su gravedad el
ámbito de la salud y la educación. Como bien dice Silvia Bleichmar,
se trata —en última instancia— de un problema de orden ético. Es que
lo que están en juego son los derechos de los niños: el derecho a la
identidad, el derecho a ser escuchados, el derecho a la salud y a recibir
educación.
Resulta necesario entonces señalar que si bien el fenómeno de la patologización
y medicalización de la infancia no es un asunto estrictamente de origen
escolar, tampoco las escuelas parecen ajenas al mismo, toda vez que
se involucra a sus docentes en nombre de "cierta ciencia"
a colaborar completando formularios cuantificables sobre la conducta
observada en sus alumnos, o, se les pide que "detecten precozmente"
problemas supuestamente neurológicos que, paradójicamente, no se detectan
por otros medios o recursos que ofrece la tecnología médica actual.
(*) Psicopedagoga, docente de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía
(Universidad del Salvador). Ejerce la clínica psicopedagógica en escuelas
y en el Centro de Neurología Integral. Miembro del equipo ForumAdd.
Simposio
internacional
El 4 y 5 de septiembre se realizará en Buenos Aires el II Simposio
Internacional "Niños o síndromes", organizado por Noveduc.
Está dirigido a profesionales de la educación y de la salud. Participan
especialistas nacionales e internacionales. Más información en www.forumadd.com.ar
Fuente: La Capital