La
demanda que presentó un abogado "en nombre de un grupo de
padres", acusando a las autoridades de "varias" escuelas
de Capital Federal de "medicar y diagnosticar" a chicos que
no atienden en clase "con drogas de uso legal para cuadros complicados
de salud", no sólo descerrajó discusiones sino que
también generó polémica sobre el llamado Síndrome
de Déficit de Atención (ADD, según siglas en inglés).
Gregorio Dalbón, el abogado demandante, señaló
que en institutos "de nivel preescolar y primario", se hacen
diagnósticos "carentes de verdadero rigor científico",
y abrió el camino a la discusión.
¿Existe realmente el ADD o sólo se trata de chicos traviesos
o sobreexigidos por sus padres y maestros en una sociedad de vértigo?
Y, si un nene padeciera ese diagnóstico ¿son necesarios
los fármacos?
El jefe
de pediatría del Hospital Italiano, de Buenos Aires, Carlos Gustavo
Wahren, le dijo a Clarín que "aunque no son pocos los profesionales
que creen que el síndrome no existe, sería inútil
negar la patología. El Síndrome de Déficit de Atención
es una realidad para muchos chicos y adolescentes. Pero de allí
a medicarlos, hay un largo camino que, por supuesto, no pueden transitar
ni maestros ni ninguna otra persona que no sea un médico".
Pocos minutos antes de la inauguración del 34° Congreso de
Argentino de Pediatría (que ha reunido a unos 7 mil especialistas
de todo el país en Córdoba), Wahren explicó que,
por lo general, a los chicos que sufren el ADD, "les cuesta concentrarse,
pierden sus cosas, son impulsivos —lo que a veces les provoca
daños físicos al no medir riesgos—, no son agresivos,
pero molestan, no dejan en paz ni a padres ni a maestros y, sí
—concede— son agotadores".
Pero para el pediatra, la solución no está (sólo)
en medicarlos —la droga más habitual es el metilfenidato,
un derivado de las anfetaminas—, sino "establecer muy bien
el diagnóstico y enviar al paciente, si es necesario, a una terapia
psicológica". El médico también subrayó
que "tanto los padres como los maestros deben estar conscientes
de lo que pasa para que puedan ayudarlo". Según Wahren,
"en los chicos que sufren de ADD, es habitual escuchar que se los
humilla por su torpeza, que no es otra cosa que distracción,
o por su conducta a veces antisocial: es entonces cuando se crea el
germen para un futuro adolescente que no hará otra cosa que repetir
y amplificar sus problemas". Eso, sumado a las dificultades para
concentrarse y tener un rendimiento escolar más o menos satisfactorio,
pueden llevarlo a una situación desesperante.
En cuanto al suministro
de remedios, Wahren opina que, "a veces no hacen falta, pero en
algunos casos son una herramienta que, bien usada, puede proporcionar
mucho bien", pero sólo junto a un diagnóstico certero
y a una terapia psicológica adecuada.
¿Qué parte en todo esto tienen los laboratorios? "Está
claro —admite el pediatra— que hay muchos intereses económicos.
Esas drogas existen y hay que venderlas. Es por eso que en los congresos
se habla, y mucho, de la promoción de enfermedades, que no es
otra cosa que las que se generan a nivel social, para después
medicarlas".
En esa dirección, el jefe de pediatría del Hospital Italiano
reveló que el Policlínico de Neuquén entregó
el cuestionario o prueba de Conners (que sirve para detectar la ADD)
a diversos colegios. Con esa serie de preguntas, los maestros, teniendo
en cuenta a sus propios alumnos, evaluaron si padecen o no del síndrome.
"El resultado fue sorprendente: el 48% de 1.300 chicos lo padecían.
La pregunta ahora es si se trata de los chicos o del cansancio de maestros
fatigados que, ante alumnos dispersos o con problemas de aprendizaje,
o de índole familiar, clasificaban en esta patología".