El
autor reexamina las posibles vinculaciones entre la biología del sistema
nervioso y el psicoanálisis, a partir de que “en la plasticidad de
las neuronas y de sus conexiones, para adaptarse a las exigencias
de un contexto, se apoyan las funciones madre y del nombre del padre”.
Gracias a la neurobiología actual, los psicoanalistas podemos avanzar
en el entendimiento de cómo la complejidad se encarna en unidades
formadas por átomos, moléculas, desplazamientos eléctricos de bajo
voltaje, células, circuitos neurales. Se presagian posibilidades de
manipular incidencias genéticas con objetivos terapéuticos. Se han
abierto nuevas condiciones de posibilidad para las curas. La incidencia
de genes, sus mutaciones, y todo en relación con los “marcadores somáticos”,
nos muestran bases cerebrales y corporales que soportan la realización
subjetiva del “homo eroticus-sapiens-faber”. Este cruce puede potenciar
investigaciones y generar colaboraciones en prácticas de frontera,
que multipliquen la eficacia de las herramientas de cada uno de los
campos de investigación y sus efectos sobre la práctica.
Las investigaciones
neurobiológicas destituyeron el paradigma localizacionista que ubicaba
para cada función un área específica del cerebro. Genéticamente, nada
está definido para cumplir una determinada función. Heredamos disposiciones
para cubrir funciones según las necesidades que tengamos en el medio
ambiente. La plasticidad es la capacidad de maleabilidad, de cambio
que tienen las neuronas, sus conexiones, para adaptarse a las exigencias
de un contexto condicionante. Sobre eso operan y en eso se apoyan
para operar: lo real, lo simbólico, lo imaginario. Centralmente: funciones
madre, y del nombre del padre. Son las que hacen que lo pulsional
se vaya intrincando y afectando determinadas áreas corporales.
Se demostró que el hipocampo y el bulbo olfatorio son las dos únicas
áreas que tienen neoneurogénesis continua. Los receptores olfativos
son terminales nerviosas y tienen que estar siempre renovándose para
que no se saturen de información. El hipocampo es la estructura encargada
de la memoria a corto plazo y si no se regenerasen allí neuronas,
tenderíamos a fijarnos en memorias muy estables y sin posibilidad
de borrarlas para incorporar nuevos registros nemónicos. Freud conjeturó
ese tipo de funcionalidades y sus consiguientes consecuencias: las
imaginó como “facilitaciones de contacto” y “barreras de resistencia”.
Son fenómenos que se pueden observar actualmente con microfotografías
electrónicas. Los psicoanalistas podemos proponer una investigación
devenida de nuestra práctica. Investigar la memoria de largo plazo,
en función de la experiencia de que algunos caracteres anales tienen
una memoria prodigiosa para reconocer antiguos olores. También de
que el asco a determinados olores es una adquisición en la historia
de cada uno. Lo que suele manifestarse en diferencias sobre qué le
da asco a cada persona. El asco es una manifestación refleja descriptivamente
inconsciente, pero que muchas veces es efecto de antiguos fantasmas
estructuralmente inconscientes.
El sistema nervioso, tejido de conexiones entre neuronas, funciona
arborizándose y buscando contactar diversas de sus partes al servicio
de determinada función. Lo cual logra a través de una multiplicidad
de conexiones. A eso se le llama “sinaptogénesis”, génesis de las
conexiones entre neuronas, que se llaman sinapsis. A lo largo de toda
la vida, hay génesis, evolución e involución de conexiones. Este descubrimiento
clave sustrajo la discusión de capacidad o incapacidad de reproducción
de las neuronas. La dotación millonaria inicial hace innecesaria una
producción mayor.
En cambio: la génesis, involución y hasta destrucción de espinas,
¿será el apoyo en la materialidad del cerebro para desplegar las capacidades
inventivas de la materialidad del significante? Mientras las letras
y los significantes son el alma que la Cultura nos da, la neurosinaptogénesis
es la materia sobre la que trabaja el alma para sostener al hablante
en sus movimientos de invención, de metáfora que lo van subjetivando.
Si el no uso de la memoria puede traernos pruning de espículas (ver
más abajo), creo que el invento acarrea sinaptogénesis. El resultado
final, de la asociación entre nuestra batería significante y el terreno
sobre el que se depositó y laboró, habrá sido la invención, la metáfora
generadora de referencias. El concepto de Lacan sobre la letra como,
ese soporte material que el discurso toma del lenguaje y que hace
litoral entre lo real y lo simbólico, desborda a las letras de los
abecedarios, hacia palabras y hasta frases, gesticulaciones, actos,
prosodias, etc. Son previas a significantes. Son lo único primario
en tanto litoral, en los bordes de los agujeros en el saber que invocan
al goce en la invención, lo que suele comportar cierta angustia, por
mordedura de lo real sobre lo simbólico.
Un tercer concepto de plasticidad: nacemos con unos cien mil millones
de neuronas. De esas neuronas a lo largo de la vida una tasa pequeña,
dependiendo de las noxas o de las afrentas de la vida, se irán perdiendo.
Pero hay un proceso sobre el final de la gestación y hasta los 2 años,
en el que se produce una marcada muerte celular. Se mueren muchas
más neuronas que las que sería dable esperar, si vemos la tasa de
pérdida progresiva de la vida posterior. A dicho proceso se lo llama
apoptosis. Es una muerte cerebral, genéticamente programada. En el
autismo hay una superpoblación de neuronas, con lo que se puede sospechar
que la apoptosis no se efectivizó plenamente. ¿La “poda” habrá servido
para reducir las conexiones “internas” y facilitar la recepción del
medio ambiente? El neurocognitivismo explica desde este punto de vista
la amnesia infantil. Lo piensa como pérdida de conexiones redundantes.
Me parece importante distinguir la amnesia de los tiempos de represión
primaria, por no disposición de un mínimo manejo de lengua y lenguaje
en el momento del acontecimiento, de la represión secundaria. Ha habido,
en aquéllos, ausencia radical de gramática, sintaxis, y una enorme
pobreza semántica. Escenas y consecuencias de esos tiempos resultan
imposibles de hilar en relatos.
Secuestro
y crimen
El hijo de una pareja secuestrada y asesinada por la dictadura, adoptado
luego por una familia extraña y registrado con el apellido de la misma,
no guardaba recuerdos con estructura de relatos de aquellos acontecimientos.
Pero lo acosaban angustiosamente sueños traumáticos en los que escuchaba
explosiones fuertes, y otras breves y regulares. Recuperado por su
abuela, oyó la narración del cerco militar a su casa de origen, el
cañoneo de que fue objeto y el tableteo de metralletas y fusiles en
el combate en que sus padres fueron muertos. Había conservado la imagen
auditiva de las explosiones, aunada a la cenestésica de la angustia,
probablemente trasmitida por el cuerpo y rostro de la madre y el padre.
Pero no podía contar con solamente esas representaciones de cosa.
Otro caso, que supervisé siendo responsable del departamento de atención
a los afectados por la represión del Servicio de Paz y Justicia, fue
el de una criatura que en esa época, tenía 7 u 8 años, practicaba
un extraño ritual con respecto al cual no podía elaborar relatos,
ni dar razones. Se levantaba en la noche, salía al patio, hacía extraños
ruidos y movimientos; luego se alojaba introvertida y asustada en
las faldas de la mamá. Siendo bebé, había entrado una “patota” de
la marina que secuestró a su padre para no devolverlo nunca más. Habían
ocurrido gritos, llantos, intenso dramatismo. La madre y todos los
hijos, incluida la beba, fueran tirados sobre la cama matrimonial
y envueltos en una gran manta en absoluta confusión. En la terapia
familiar, cuando la señora repetía dicho relato, la niña se paraba
y se alojaba en sus faldas. Con buen criterio y sin forzamientos,
la coterapeuta, en una de esas ocasiones, la tomó suavemente y la
devolvió a su lugar en la reunión, diciéndole que era ése. A partir
de entonces, cedió el extraño ritual. Un significante que la representara
en articulación a un lugar por fuera de la mamá, emitido en el tiempo
de concluir oportuno, relanzó la cadena significante de la criatura.
Me parece bastante probable suponer que ese acto produjo poda de espículas
y neogénesis de otras, y consiguiente reordenamientos de las redes.
El significante justo, vía el gesto y la palabra que lo trasmitieron,
recolocó a la niña, despegándola de la simbiosis que el acto trágico
había grabado en ella y del cual en el extraño ritual, sólo encontraba
un exutorio reducido.
Son recuerdos y olvidos diferentes de la represión infantil postedípica.
Hipotetizo: los sueños traumáticos, con imágenes auditivas y cenestésicas
anidadas de alguna forma en una red de espículas, sostenían, con su
recurrencia, una memoria de largo plazo asentada en dicha red a la
vez que realimentaban a ese tejido interespículas.
Tiempo
de poda
Otro hallazgo de los neurobiólogos es el de poda o pruning, en las
conexiones llamadas “dendritas”. Ocurre, a partir del nacimiento y
en distintos momentos del desarrollo. Hay un pruning temprano, y otro
que ocurre en la pubertad y adolescencia. En ese período las hormonas
reconfiguran todo el sistema nervioso, hacen que el mismo comience
a funcionar de una manera diferente. Recordemos que es cuando los
genitales se desarrollan a la forma y nivel adulto. Reorganización
en la que representaciones muy consolidadas se reconfiguran a partir
de experiencias propias de la sexualidad y de la sociabilidad. Me
parece importante subrayar, no sólo la coincidencia con el descubrimiento
freudiano, sino también el valor que toman las transformaciones anátomohistofisiológicas
de esta edad como sustento exigente desde la biología y lo real; lo
radicalmente no sabido por esos púberes y adolescentes sobre ese cuerpo
que los sorprende, y que los exige en el terreno simbólico imaginario.
(*) Psicoanalista. Este artículo integra aportes de Gabriel Brarda,
Fernando Alvarez, Laura Lueiro, Silvia Sisto, Carlos Názara, Eva Cristóbal,
Alejandro del Carril, Miguel Calvano y Cristina Oyarzábal, en el seminario
“Cruces entre psicoanálisis y neurobiología”, que el autor dirigió
durante 2008.
Fuente: Página/12
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-118236-2009-01-15.html