El
pais
MADRID.- La generación Prozac ya ha desbancado a los epígonos de Freud.
Los psicofármacos les ganan la partida a las terapias clásicas y,
pese a que algunos profesionales subrayan que la crisis propicia las
consultas, el diván del psicoanálisis queda vacante por el consumo
-a veces abusivo- de pastillas. Píldoras para combatir el estrés,
la ansiedad o los trastornos del sueño circulan de mano en mano, prescritas
por el médico, cuando no recomendadas por algún conocido. Hablamos
de trastornos leves y moderados, no de patologías severas; de un paso
más en la "medicalización" de situaciones cotidianas, fenómeno
que alertó la prestigiosa revista científica British Medical Journal
, entre otras voces autorizadas. El psicoanálisis en el sentido clásico
-tres sesiones a la semana durante un número indeterminado de años-
pierde terreno, sobre todo en los Estados Unidos, según datos de la
revista Archives of General Psychiatry . Las terapias de diván representan
hoy en ese país el 29% del total de la atención psicológica, frente
al 44% que suponían hace diez años. Su elevado coste hace de ellas
un bien de lujo reservado a una elite. "La económica es una barrera,
es cierto. Es injusto que no pueda acceder más gente a estos tratamientos",
reconoce la psicoanalista Victoria Queipo, quien, no obstante, subraya
que "en época de crisis aumentan las consultas. Una mala racha
económica es un disparador de trastornos psicológicos". El tiempo
necesario para que la terapia surja efecto -cuestión de meses, como
mínimo- echa también a los pacientes del diván. "Prima la inmediatez,
la urgencia de los sujetos por desterrar los conflictos y superar
rápidamente todo aquello que les aflige", añade Queipo. Si en
la atención privada hay que pagar precios que pueden ser prohibitivos
en época de crisis y la pública es deficitaria, resulta más comprensible
la opción farmacológica. "Vivimos en una época en que prima la
eficacia. Hay poca tolerancia a los reveses, al conflicto y al dolor.
Por eso recurrimos a la pastilla, aunque sea una solución momentánea,
un dopaje", explica Queipo.
Todos
prescriben
Los ansiolíticos y los antidepresivos son recetados por médicos de
atención primaria, neurólogos, psiquiatras o geriatras, entre otros
especialistas, pues los psicólogos, como en muchos países, no pueden
prescribir fármacos. A favor del consumo de pastillas juega "una
variabilidad farmacológica tremenda", así como la banalización
de su uso y del riesgo de adicción que implican, según Vicente Prieto
Cabra, vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. "Hay
tendencia a consumir el fármaco ante el mínimo síntoma y también a
la automedicación. El uso de psicofármacos ya está incorporado en
la normalidad y, ya que en la farmacia no los venden sin receta, siempre
hay un compañero o un amigo que te los dan", señala. El uso gratuito,
injustificado de psicofármacos implica menor capacidad a la hora de
tolerar conflictos o frustraciones. "Hay una relación directa
entre la inmediatez que imponen los tiempos y la incapacidad de enfrentarse
a situaciones cotidianas normales. El Prozac marcó un antes y un después:
con el mínimo esfuerzo de ingerir una pastilla se obtienen resultados
gratificantes y rápidos. Estamos viendo generaciones enteras de personas
no entrenadas en desarrollar recursos personales para gestionar malestares
cotidianos. No hay que utilizar fármacos para aliviar un duelo, una
ruptura o un problema de trabajo", aconseja. Como quien aprieta
el botón del mando a distancia, el sujeto hace presión para obtener
la pastilla-milagro que acabará, de un plumazo, con una insatisfacción,
un malestar poco específico o una contrariedad con nombre y apellido.
Es un gesto cotidiano que va camino de convertirse en un acto reflejo
gracias a la creciente "medicalización" de los estilos de
vida. "La industria farmacéutica presiona desde los años cincuenta
para que se den medicamentos situaciones cotidianas", señala
Nuria Romo, antropóloga de la Universidad de Granada, en referencia
a una tendencia que se inició con la medicación de las disfunciones
sexuales. "Son las llamadas medicinas de los estilos de vida´´,
añade. Otro antropólogo, Angel Martínez Hernáez, profesor de la Universidad
Rovira i Virgili, de Tarragona, habla de una "mercantilización
de los estados de ánimo". Pero ambos se refieren a lo mismo,
a malestares y trastornos menores propios de un estilo de vida que
imprime vértigo, inmediatez y perentoria efectividad, y que se cobra,
en forma de dificultades del sueño, depresión leve, ansiedad o estrés,
el desajuste existente entre la realidad, las expectativas y las exigencias.
Como otras dolencias, éstas también tienen una clara marca de género:
las mujeres son diagnosticadas tres veces más que los hombres. No
es de extrañar, recuerda Nuria Romo, que "sean más prevalentes
en psicopatologías menores, porque se las ve más débiles y quejosas,
y por tanto, más necesitadas de medicación. Pero el malestar de la
vida cotidiana es mayor porque las mujeres viven en desigualdad, hay
un desequilibrio de género también en lo cotidiano: no sólo nos ocupamos
de la vida privada, también estamos en la pública, y hasta en la del
medio".
Trastornos
a medida
¿Pueden contribuir a ello también los hallazgos de los síndromes?
La psicoanalista Victoria Queipo cree que se abusa, "con frivolidad",
de síndromes psicológicos de nuevo cuño y pone un ejemplo, el del
posvacacional. "Hay un exceso de etiquetas. Algo que es naturalmente
fastidioso, como volver al trabajo tras las vacaciones, se está dando
medicación. ¡Pero si sólo es un fastidio, no un trastorno!" Más
Platón y menos Prozac , recomendaba hace años desde el título de uno
de sus libros el terapeuta Lou Marinoff . Lejos de la consolatio philosophiae
que ya habían prescrito autores anteriores en varios siglos a Marinoff,
Internet abunda también en reclamos que parecen sacados de un almanaque
ilustrado: "Psicología moderna en poco tiempo y a bajo costo".
Sin diván, mal que les pese a célebres asiduos, como Woody Allen,
pero con otro fetichismo añadido, el de la pastilla mágica que proporciona
una vida casi perfecta.
Fuente: La Nación
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1093024