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Corporación Síntesis. Santiago, Dhile

Entrevista a Daniel Malpartida*
La infancia sin Ritalín...


Un grupo de psicoanalistas, médicos, psiquiatras, neurólogos, educadores y científicos, que no adhieren al viejo paradigma, han firmado un documento en contra de la psicopatologización de la infancia y el abuso en la prescripción de los fármacos: como el Ritalin y el Concerta, que dicen mejorar significativamente el “Trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad”. Presentamos una entrevista al psicoanalista Daniel Malpartida, firmante de la declaración.

 

Usted y otros profesionales están llevando a cabo una “cruzada” contra el fármaco llamado Ritalín y últimamente Concerta. ¿Es que hay tantos niños con este tipo de desorden?
- Al déficit atencional se lo ha querido ubicar en los colegios, y debo decir que también en las universidades. Es como si antes de la invención de esta enfermedad, que según los laboratorios es “orgánica”, ésta no hubiera existido. El Metilfedinato existe desde los años 30 y desde luego no tenía utilidad. Ya sabemos cómo funciona el modelo médico disyunt., aquel modelo que insiste en separar la psiquis del organismo. ¿Y cómo funciona? Descubierta la enfermedad, hay que inventar el remedio y aplicarlo. Aquí ocurrió al revés, el remedio estaba inventado, la enfermedad no...

Sugiere que había síntomas pre-existentes…
- Absolutamente, y más aún, la pregunta es: ¿nunca hubo niños desatentos, hiperactivos, incluso violentos en los colegios y jardines de infancia y desde luego en la familia de origen? ¿Cuántos niños en los colegios viven la tragedia de los padres separados, otros que son abandonados, maltratados, abusados…? Debemos insistir, por ejemplo, en cómo los padres imputan sus propias culpas a los niños, es un clásico comprobable en una psicoterapia de orientación psicoanalítica. ¿Cuándo los niños no han sido víctimas de abuso, denigración y represión? Y podría continuar con esta lista que incomoda a los adultos. Significa que una serie de síntomas agudos, graves, no son los que se perciben en los colegios, por los educadores que supuestamente son los representantes de los padres. Los padres, a su vez, entregan sin mayor miramiento y reflexión a sus hijos la “institución” y rápidamente al neurólogo o psiquiatra “biológico”. Todos esos síntomas han existido y no está comprobada su base orgánica -que de existir tampoco exime de una psicoterapia-. Hay además un problema ético en este tipo de profesionales que recetan Ritalín por cuatro y cinco años, sin sugerirles a los padres la posibilidad de una psicoterapia.
Recordaré que en los 60 y 70, se los llamaba niños hiperactivos, después inventaron la enfermedad supuestamente orgánica. Debemos ser rigurosos con un determinado tipo de ciencia que desea ocupar el lugar del saber absoluto.

¿Cómo reaccionan los padres cuando un psiquiatra, médico general o neurólogo, les plantea que su hijo tiene un problema de déficit atencional?
- Algunos reaccionan con angustia, otros se exaltan, se preocupan..., pero muy rápidamente caen en la fantasía de la ciencia clásica y en la magia del pensamiento. La pastilla ayuda, la pastilla calma, la pastilla es lo mejor, y rápidamente se tranquilizan, dejan librados, a los efectos del fármaco, a sus hijos, es decir la subjetividad de sus hijos. Es impresionante darse cuenta cómo los adultos levantan la teoría de que la subjetividad del hijo no importa mucho. Los menos se preguntan qué tenemos que ver nosotros en todo este problema que sufren sus hijos.
Es importante que los padres y los profesores se pregunten: ¿qué nos están comunicando?, ¿qué significan estas expresiones, este silencio, este mutismo?, ¿esta hiperactividad…? Es como si los niños no sufrieran de angustia y tristeza… Más grave aún, debo recordar que el Ritalín y el Concerta están contraindicados cuando el niño está angustiado o ansioso.
Yo me pregunto: ¿dónde está el déficit atencional, digamos el déficit de cuidado y afecto? ¿De qué tipo de déficit padecen, qué es lo que no les están dando? Porque diré algo que es obvio y no tomado en cuenta: son los adultos los responsables de los niños y no a la inversa. Los niños son sujetos en evolución y de cuidado; y cuando digo sujeto, insisto en que estoy diciendo cuerpo. A estos niños, en términos de Winnicott, lo único que les hace falta es un espacio facilitador para que puedan no sólo tranquilizarse –si es que de eso se trata-, sino que puedan primero sentirse bien para aprehender. El intelecto nunca estuvo disociado del afecto y del deseo de saber.

Usted ha dicho que hay un exceso en la prescripción, que hay un exceso y un nuevo tipo de control a través de este fármaco...
- Podemos decirlo así. Insomnio: fármaco. Agresividad: fármaco. Pasividad: fármaco. Desatención: fármaco. Hiperkinesis: fármaco. Vivimos en la era light del fármaco. Los laboratorios se han especializado en la ciencia ficción y en la venta de fantasías. Es la promesa de un mundo feliz difundida por los laboratorios gracias a los fármacos. No hay nada más que mirar a nuestro alrededor para percibir que el emblema de la ciencia y de los grandes laboratorios no sólo no se ha cumplido, sino que tenemos nuevos problemas gracias a las drogas de un anhelado mundo feliz.
Una investigación llevada a cabo en la Universidad de Chile por un grupo de psiquiatras de niños, dirigidos por Alonso Correa, confirma lo que se ha denunciado en otras latitudes: que el Ritalín -y puedo añadir el Concerta entre otros- conduce a la dependencia psíquica con diversos grados de conducta anormal. Puede producir claros episodios psicóticos. Insomnio en diversos grados. Angustia y nerviosismo son otros efectos colaterales. Cefaleas, vértigos, somnolencia, apatía, sensación de minusvalización personal. En casos aislados: convulsiones, ánimo, exacerbado, mutismo electivo. Insurgencia de los llamados tic nerviosos.
En la misma investigación afirman: “El tratamiento con Ritalín no está indicado en todos los trastornos por déficit… (…) La prescripción no debe basarse solamente en la presencia del síntoma aislado (…) Cuando hay angustia y estrés el Ritalín no debe indicarse”.

Es cierto que hay varios ejemplos de fármacos que debieron ser retirados de circulación, pero hay una serie de presunciones que se vinculan con los fármacos, tanto en niños como en adultos...
- Sí, lo inquietante es que los padres, los médicos y algunos profesores e instituciones adhieren a la creencia absolutamente irracional, por eso de carácter inconsciente, de que los fármacos pueden incidir y modificar la experiencia subjetiva. Hay una palabra mágica: “calma”. El Ritalín calma, seguramente, a los padres y a uno que otro niño, pero en general a los niños los pasiviza –por decir lo menos-, lo que es diferente a la sensación de estar en calma. Procede de un deseo de comodidad de los mayores y resulta en un abuso en contra del niño, al que se lo hace responsable y único responsable de su padecimiento. Como si éste no tuviera grupo o familia de referencia. Esta actitud encubre no poco cansancio y agresión adulta. El exceso de prescripción de los fármacos es un abuso adulto y que va directamente a enlazarse con una campaña que podemos llamar "psicopatologización de la infancia", una ley gerontocrática que dice “lo hacemos por tu propio bien”, lo que en clave inconsciente significa “lo hacemos por nosotros, porque somos nosotros los que debemos estar tranquilos. Ustedes son niños o son jóvenes. ¿De qué se preocupan? Tienen tiempo..."

La pregunta que se desprende es dramática: ¿qué hacer? ¿Acaso los padres pueden hacer algo en verdad fundamental?
- Como psicoanalista siento y pienso, en ese orden, que los padres pueden hacer y aportar de forma inestimable a los niños y jóvenes. El punto es que debemos instruir, informar y capacitar a padres y profesores. Hacerlo sí de manera profesional y ética, esto significa, para mí, no utilizar el término capacitación, pues es muy liviano y está manoseado y deculturado. Capacitación es un término técnico, frío y de segunda clase, por decir lo menos. Las “empresas” han utilizado este término, este dispositivo, para hacer calzar cualquier práctica y teoría de forma comprimida, como el Ritalín, vendiendo la idea que después de un día de trabajo uno queda apto para hacer o entender un proceso, o desarrollar una tarea. No hay tal cosa. No hace falta ser brillante para percatarse de que el conocimiento va junto al afecto y los intereses concomitantes y que, por sobre todo, se necesita tiempo para incorporar el conocimiento y el afecto y no sólo eso, sino después analizarlo.
Francamente, no conozco un programa de capacitación de ésos que venden las empresas, que haya mostrado ser efectivo en el tiempo. El efecto es inmediato y no dura más de dos meses en la conciencia. Se necesita un curso de, al menos, una vez a la semana con estudio de casos y estrategias. Es decir, una supervisión donde se expliciten el cómo, el cuándo, el por qué y los aspectos relacionales. Un estudio de los aspectos que los padres y los profesores deben aplicar sobre su hijo-alumno. Enseñarles otra forma de escuchar y de intervenir. Enseñarles otro tipo de vínculo, abierto y basado en la creatividad. No sé cómo eso podría aprenderse en dos días. Estas empresas, si hay algo de lo que carecen, es de ética. Ética para ellos es una palabra, un concepto, y una práctica desaparecida.

¿Lo que usted denuncia está ubicado en una línea dura de la crítica?
- Le contesto la verdad, la crítica puede ser aún mucho más dura y profunda. Sólo que en nuestro medio se confunde la crítica con la agresión y los conflictos, lo que termina siendo una buena forma de no escuchar las críticas severas. Es lo que hacen, por ejemplo, los grandes laboratorios. Sería fácil dar ejemplos...

De esta conversación nos queda la siguiente presunción: parece que usted está denunciando viejas práctica en nuevos contextos.
- Sería muy largo enunciar la serie de prácticas rituales -yo diría incluso sacrificiales-, dispositivos de dominio existentes en la educación actual en general y en no pocos colegios en particular. Sabemos cuáles son las excepciones, lo que absurdamente se denomina con el término, cargado de un cierto tinte peyorativo: la educación alternativa. Es justamente la educación alternativa la que debiera ser educación para la mayoría de los estudiantes. No pocas escuelas presentan perfeccionismo, eficiencia y racionalización que sirven para justificar una serie de formas ocultas de agresión, dominio y manipulación de los estudiantes, hasta llegar a la denigración y los malos tratos. La ultima forma de abuso y control social es, sin duda, la sobre-prescripción de los fármacos, Ritalín, Concerta y otros. Los padres entregan a sus hijos a los colegios para que se hagan cargo de la educación, es decir, de obtener de ellos lo mejor, eso es lo que significa educación. ¿Y cuál es el panorama? Crisis en la educación. Crisis de la institución, crisis en los programas, crisis en los profesores y en los alumnos, etcétera. La creatividad e inteligencia inherente del niño fue reducida a una serie de programas educativos basados en criterios de racionalidad y eficiencia, hay que prepararlos para un mundo competitivo, dicen estos cancerberos de la racionalidad.
El punto es que hay otras posibilidades de educación, si lo que ellos quieren es prepararlos para la competencia. Pero no me parece que la persecución, el exceso de tareas, la presión, sean las formas óptimas para formar hombres y mujeres mejores para un país. Lo que esa educación fomenta es psicopatología masiva.

¿Por qué a la demanda de los niños se le contesta con drogas?
- Es paradójico, el niño recibe la mayor incomprensión y agresión de quienes deben cuidarlo: sus padres. Luego continúa en este sistema agresivo la institución de la escuela, que en muchos casos instaura un nuevo modo de explotación, la explotación del intelecto en función de otra fantasía, la eficiencia. Esos niños, si algo no van a llegar a ser, es mostrar eficiencia ni en su comportamiento, afecto ni intelecto. Aquellos que son eficientes, ya sabemos las inmensas carencias que tienen en el nivel de los afectos.

Estamos en un círculo... esos niños, luego adultos ¿repetirán la experiencia?
- Ésa es la realidad y no otra. Y a quién le interesa es el punto. Por ejemplo, los jóvenes pueden llegar al suicidio por una mala nota. La nota está sobrevalorada, es superlativa. La nota funciona como un fármaco, es un alivio. La buena nota equivale a un permiso. No es un logro creativo en el que participaron el alumno y el profesor. En fin... El asunto es no adherirse a lo dogmático de los colegios, la impugnación no debe ser sólo de los alumnos, sino de los padres conscientes, para que de este modo ellos no colaboren para que sus hijos repitan y sufran la historia que ellos sufrieron. Para que no se hagan cómplices de los procesos inhibitorios y que, por el contrario, co-trabajen para una escuela más libre, lo que favorece consecutivamente el desarrollo afectivo e intelectual de los niños y de los jóvenes.

 

* Daniel Malpartida es psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API) y director del Estudio de Arte y Psicoanálisis - Chile.

 

Fuente: Corporación Síntesis, Chile
http://www.sintesys.cl

 


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