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Diario
La Capital, Sección Educación. Sábado 16 de junio de 2007. Rosario,
Argentina Educación nacional ya tomó nota sobre el llamado déficit de atención
Desde hace unos años, jugar en clase, moverse o hablar en exceso y parecer ausente pueden ser motivos suficientes para que los niños sean diagnosticados de Déficit de Atención (con o sin hiperactividad y medicados para que “se porten bien o atiendan a los adultos”. La problemática fue planteada en un encuentro internacional y ya forma parte de la agenda de compromisos del Ministerio de Educación nacional. El tema se debatió el viernes y sábado pasados, en el Simposio Internacional sobre Niños Desatentos e Hiperactivos, ante más de 1.300 profesionales de la salud y la educación. Los asistentes discutieron sobre lo que llaman “la patologización de la infancia”, en alusión a los chicos que son encuadrados en las siglas ADD/ADHD (déficit de atención con o sin hiperactividad) y medicados. Lo preocupante para estos profesionales es la facilidad con que primero se diagnostica y luego se medica a estos chicos inquietos o pasivos. El fenómeno data de la última década, y sin bien los profesionales no tienen datos certeros sobre la cantidad de chicos medicados (la ritalina es el medicamento más usado), señalan como creciente el número de niños “etiquetados”. Por lo pronto, un informe asegura que a nivel mundial entre un 5 y 8% de los chicos en edad escolar son diagnosticados como ADD/ADHD (ver aparte). La problemática fue llevada por estos profesionales a nivel de las políticas públicas. Y al parecer tuvieron éxito, ya que del simposio participó el ministro Daniel Filmus, que definió su presencia como una manera de “comprometer al Estado”. “Es el Estado quien debe ocuparse junto a los profesionales y especialistas, de lo contrario queda librado a lo que cada uno quiere hacer”, y renglón seguido agregó: “De lo que no se ocupa el Estado lo hace el mercado”. De manera inmediata anunció que un documento especialmente preparado por los profesionales del simposio y Educación nacional llegará a los 880 mil docentes de todo el país (se estima que se rá en agosto). También aseguró que el tema se debatirá con los ministros de Educación provinciales, para acompañarlo con la capacitación adecuada para los maestros. El aplauso para Filmus llegó por parte de los asistentes cuando reconoció la necesidad de “que haya escuela por escuela un equipo interdisciplinario de trabajo” acompañando la tarea de los maestros. Una meta contemplada en la nueva ley de educación nacional, tal como recordó el funcionario en un alto de su agitada campaña política para ganar el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
En consonancia con las palabras del ministro, el pediatra Mario Brotsky, especialista de la Sociedad Argentina de Pediatría, sentenció que “nuestros niños son rehenes de las corporaciones”, en referencia al negocio que hacen los laboratorios con este fenómeno. Antes había invitado a “repensar la salud escolar, con pediatras dentro de las escuelas”. Los profesionales que se sucedieron a lo largo de las dos jornadas tuvieron una misma coincidencia: un llamado a los adultos para que escuchen más a los niños. También aseguraron —como la psicóloga Alicia Stolkiner y el pediatra Héctor Vázquez— que el vínculo y el lazo social son las herramientas más importantes con las que se cuentan, porque son “instituciones subjetivantes”. Otros profesionales explicaron que el ADD es un invento para encuadrar a los chicos en un concepto cerrado, al que le cabe una solución “mágica” como es la medicación. Entre esos profesionales el psicoanalista español, Juan Pundik, comparó los efectos de la ritalina con los de la cocaína. El
simposio fue organizado por Editorial
Noveduc. Reunió a psicólogos, psicopedagogos, docentes, pediatras,
neurólogos y psiquiatras de la Argentina, Brasil, Chile, España, México,
Perú y Uruguay. En el panel de apertura, además de Filmus, estuvieron
la subsecretaria de Equidad y Calidad de la Nación, Alejandra Birgin,
y la psicóloga Beatriz Janin y el psiquiatra infantil, Juan Vasen. Los
dos últimos integran la nómina de los más de 2 mil firmantes al consenso
de expertos que llama la atención sobre lo que denominan “la patologización
de la infancia” y cuyo texto completo puede
leerse en www.forumadd.com.ar. Un
informe de Salud de la Nación asegura que a nivel mundial “entre un
5 y 8 % de los chicos en edad escolar presentan ADHD”; de ese porcentaje,
“el 50% está medicado y el otro se trata sin medicación”. La proyección
del informe indica que en la Argentina, deberían “estar diagnosticados
alrededor de 500 mil chicos”, sin embargo en la actualidad sólo están
diagnosticados 50 mil, de los cuales 20 mil son tratados con medicación.
La conclusión del informe es que en la Argentina, “no existe sobrediagnóstico,
sino más bien subdiagnóstico y submedicación”, respecto de la cantidad
de potenciales niños a medicar. Para Beatriz Janin, la psicóloga especializada en niños que presidió el simposio internacional sobre chicos rotulados como ADD o ADHD, la problemática “es de toda la infancia a la que se trata de catalogar como patológica, en tanto no responde a determinadas exigencias”. Recordó entonces casos de niños que habían sido diagnosticados “como deficitarios por tener dificultades para aceptar las normas escolares, porque estaban tristes o no soportaban enfrentar tareas en las que suponían que podían fracasar y también niños que mostraban serios problemas de desorganización del pensamiento”. A todos —señaló— se los catalogó del mismo modo, y se les indicó medicación. Janin definió a la infancia y a la adolescencia como momentos de crecimiento, donde el soporte de los adultos es fundamental: “Si los adultos no podemos marcar hacia dónde ir, los niños pueden moverse sin rumbo, sin poder organizar un trayecto coherente y golpearse contra las paredes”. También reparó sobre los paradigmas de la época, donde “los valores predominantes suelen ser la apariencia y el dinero”, donde prevalece lo urgente y “no hay tiempo para los vínculos”. Es en este contexto en que en los últimos años hay un crecimiento considerable de “un afán de diagnosticar de un modo categórico, usando clasificaciones más que conceptos, sin escuchar a los niños y sin interrogarse sobre las determinaciones”. Por eso dijo que “hay una simplificación de las problemáticas” y que es “el reduccionismo biologicista” utilizado en estos diagnósticos el que “ubica como determinado por siempre y de por vida a un sujeto en crecimiento”. Para Janin, es necesario reconocer que cada niño que se mueve sin rumbo o que fracasa en la escuela “nos está interpelando a todos y nos plantea algo de nuestra discapacidad”. Atender a este tema —dijo— implica pensar en una tarea colectiva “en la que es necesario replantearse la idea de normalidad, de infancia, de educación y de valores sociales”. Por eso, al momento de responder las inquietudes de los asistentes, resaltó que cuando en la escuela se reciben chicos con este diagnóstico lo que se puede hacer es dudar de tal indicación; además de seguir el reclamo para que haya más profesionales en las escuelas. |